Entrevista a Fabio Bertranou: “Las instituciones que incluyen y facilitan mecanismos de diálogo social tripartito son las llamadas a tomar un papel protagónico en estas circunstancias.”

Fabio Bertranou, Director de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina, publicó el año pasado en coautoría con Luis Casanova, el libro “Las instituciones laborales y el desempeño del mercado de trabajo en Argentina” (OIT, 2015). La investigación resulta interesante para analizar no sólo el rol que cumplieron las instituciones laborales en nuestro país durante los últimos años, sino también el modo en que están interviniendo tras la asunción del nuevo gobierno nacional a fines de 2015.

A lo largo de la entrevista que tuvo con el CELAB se retomaron estos temas, para pensarlos en el marco de un contexto internacional que presenta nuevos desafíos.


OIT¿Qué rol cumplieron las instituciones laborales en nuestro país durante los últimos doce años? ¿Qué virtudes y limitaciones tuvieron para generar empleo de calidad?

Las políticas necesarias para atender la profunda crisis económica y social en 2001-2002 pusieron énfasis en el desarrollo de las instituciones laborales en sentido amplio, es decir no sólo en materia normativa sino también en fortalecer y desarrollar institutos como la negociación colectiva, el salario mínimo, la inspección del trabajo, la formación profesional y los servicios públicos de empleo. Estamos todavía a mitad de camino en su desarrollo y efectividad. Esto tiene que ver en parte con las limitaciones estructurales que tiene la institucionalidad y gestión de la política pública en Argentina.

¿Cuál o cuáles de estas instituciones creés que sería más importante preservar durante los próximos años?

Hay que preservar a todas las instituciones laborales relevantes que mencioné anteriormente. Por supuesto, hay que adaptarlas y modernizarlas de acuerdo a las circunstancias económicas y sociales. Argentina, como prácticamente toda América Latina, no ha realizado la transición a una economía moderna con una estructura diversificada e integrada en cadenas de valor. Persiste la dualidad y segmentos de la producción y el trabajo sumergidos en la informalidad. Si las instituciones laborales no nos permiten superar estas barreras, hay que seguir insistiendo en su necesidad de reforma. La inspección del trabajo puede estar tecnificada y modernizada en cuanto a procedimientos y capacitación de inspectores, pero si seguimos teniendo un 30% de los trabajadores en la informalidad, se requiere continuar reconsiderando su papel. Esto también nos conduce a pensar que las instituciones laborales no son las únicas que explican el adecuado desempeño laboral en cuanto a cantidad y calidad del empleo.

¿En Uruguay, Paraguay y Chile las instituciones laborales cumplieron un rol similar al que cumplieron en nuestro país? ¿Y en Brasil?

Hay algunas similitudes y diferencias. Pero es difícil hacer comparaciones y seguramente no es la mejor forma para obtener enseñanzas. Quizás lo más importante para señalar es que en general durante los 2000, de la mano del crecimiento económico y frente a la corta crisis de 2008-2009, hubo una mayor preocupación de los países para el desarrollo de las instituciones laborales. En todos los países hay buenas prácticas para rescatar. Sin embargo, frente a la actual desaceleración económica, habrán nuevas reflexiones e intentos de nuevas reformas. Desmantelar algunas de las instituciones como ocurrió en los noventa parecería no ser el mejor camino. Pero sí es necesario reflexionar porque la desaceleración ha venido para quedarse por algunos años, y los requerimientos sobre la política laboral y las instituciones laborales cambiarán en su alcance y contenido.

Según sostienen en el libro “Las Instituciones Laborales y el Desempeño del Mercado de Trabajo en Argentina” (OIT, 2015), “los resultados de diversos estudios muestran que la legislación de protección al empleo puede tener efectos positivos y negativos –pero moderados– sobre el empleo, y que estos impactos dependen de contextos específicos; aunque también de estos estudios se desprende que deben evitarse los extremos de excesiva regulación o falta de regulaciones. Estos resultados dan cuenta de que es posible diseñar una legislación para proteger a los trabajadores sin generar efectos adversos en materia de creación de empleo.”

En relación con estas afirmaciones, ¿qué opinión te merece la ley vetada por el Presidente que establecía un límite a los despidos? ¿Qué estrategias creés que serían las más adecuadas para preservar el empleo en un escenario en el que, según describen algunos estudios, se han perdido más de 150.000 puestos de trabajo entre fines del año pasado y la actualidad?

InstitucionesMás allá de las controversias sobre las distintas propuestas, debemos ser realistas que si hay una importante caída de la actividad económica, las empresas requerirán hacer ajustes en el uso de los factores productivos, incluyendo el trabajo. Ahora bien, los instrumentos para proteger el empleo y permitir las adaptaciones al ciclo económico dependerán de si la desaceleración es permanente o sólo una caída temporal del nivel de actividad. Mi opinión es que no hay que reducir la discusión a un solo instrumento sino a un portafolio de respuestas alternativas en las que las empresas y trabajadores puedan, a través del diálogo en sus diversas formas, adaptarse a las nuevas circunstancias. Las crisis pueden llevar a exacerbar la rotación laboral producto de la incertidumbre que se produce para las empresas; por lo tanto, mecanismos que lleven a limitar esa rotación excesiva, que en primer término lleva a desvincular numerosos trabajadores, puede ser que no sean buenos para la empresa en el mediano y largo plazo. También hay que poner en la mesa de análisis y debate otros instrumentos como pueden ser los de repartición de trabajo. Los países que han logrado transiciones con menos costos sociales asociados son los que han desarrollado y profundizado el uso de este tipo de instrumentos.

El nuevo gobierno nacional enfatiza la importancia de la inversión extranjera como mecanismo para la generación de empleo. ¿Qué rol considerás que deberían cumplir las instituciones laborales para garantizar que, si efectivamente aumenta el flujo de inversiones hacia nuestro país, se genere empleo, y que este sea de calidad?

Las instituciones que incluyen y facilitan mecanismos de diálogo social tripartito son las llamadas a tomar un papel protagónico en estas circunstancias. La mejor garantía para que el proceso de inversión se traduzca en empresas sostenibles y empleos decentes es que se practique y profundice el diálogo tripartito. Y el diálogo hay que practicarlo en distintas instancias y niveles. Por ejemplo, frente a las posibles inversiones en recursos naturales en regiones que afectan a las comunidades locales, estas últimas también tienen que ser consultadas e incorporadas para dar sostenibilidad social a los proyectos. En el caso de inversiones que requieran la generación de nuevas capacidades y habilidades para el trabajo, los acuerdos sectoriales de formación profesional son imprescindibles para orientar la oferta pública y privada de formación. Y así, pueden seguir mencionándose ejemplos.

¿Cuáles son los desafíos para los próximos años que, según la OIT, enfrentan nuestro país y la región para generar empleo de calidad?

Se pueden mencionar muchos, no sólo porque todavía tenemos numerosos temas pendientes sino porque se han incorporado muchos más a la agenda. Un primer tema refiere al dilema productivo. Pasó el boom de los commodities donde la región y Argentina crecieron rápida y vigorosamente, sin embargo nuestra matriz productiva prácticamente no tuvo modificaciones importantes. En la medida que esta diversificación productiva no ocurra, será difícil pensar en escenarios futuros donde la mayoría del empleo que se genere sea de calidad. Relacionado con este tema, se encuentra el problema estructural de la informalidad, que no sólo tiene una raíz productiva sino en la forma de organización de la producción y el trabajo. Por ejemplo, en un sector no transable como es la construcción, persiste una dualidad importante donde tenemos un sector moderno con relativa baja informalidad, con diálogo entre empresarios y sindicatos, con buenos niveles de seguridad y salud en el trabajo, etc. Pero este segmento coexiste con otro de alta informalidad donde predomina el cuentapropismo, donde los hogares son los directos demandantes y las condiciones de desarrollo de la actividad atentan contra el cumplimiento efectivo de la normativa que regula la actividad desde el punto de vista impositivo y laboral.

Otro tema en el que los actores del mundo del trabajo debemos reflexionar con mayor profundidad es en lo que refiere al “futuro del trabajo”. Los cambios en la organización de la producción y el trabajo han venido para quedarse y se aceleran rápidamente en algunos sectores y segmentos de la economía. La automatización y digitalización de la economía destruye empleos y a la vez genera nuevas oportunidades, pero que requieren nuevas calificaciones y el desarrollo de diferentes formas de talento. A la vez, seguimos teniendo a nivel global y regional una brecha entre la generación de empleo y las personas que se incorporan o que potencialmente podrían incorporarse al mercado de trabajo. El caso de los jóvenes adquiere una relevancia particular. La cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan, por diversas razones, ha ido en aumento, llevando a que pueda convertirse en un problema de envergadura en potencia. Si bien estos temas refieren al “futuro del trabajo” deben y necesitan ser debatidos con profundidad hoy.

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