Perspectivas y desafíos del salario mínimo, vital y móvil

En 2014 se están cumpliendo diez años ininterrumpidos de funcionamiento del Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil.

El Consejo es un ámbito tripartito de negociación, que tiene por objetivo evaluar temas referidos a las relaciones laborales tales como la redistribución del ingreso, la asistencia a los desempleados, la generación de empleo genuino y decente, el combate al trabajo no registrado y, desde ya, la determinación de un salario mínimo que pueda garantizar la satisfacción de las necesidades básicas a los trabajadores.

El salario mínimo acordado impacta directamente sobre los trabajadores registrados de menores ingresos ya que garantiza un piso mínimo de remuneración para todo trabajador registrado, se encuentre o no afiliado sindicalmente y cualquiera sea la actividad en la cual se desempeña. Hay sólo algunos colectivos de trabajadores excluidos de su órbita: los de los sectores públicos provincial y municipal, los del sector doméstico y agrario, además de los trabajadores independientes y los no registrados.

Históricamente, el salario mínimo fue concebido como un instrumento para disminuir la pobreza y, en particular, para proteger a los trabajadores no cubiertos por la negociación colectiva. Sin embargo, su implementación no ha estado exenta de controversias.

Desde una mirada económica ortodoxa, una medida de tal naturaleza resulta poco efectiva en economías como las latinoamericanas, donde los altos índices de informalidad reducen sustancialmente la población sobre la cual impacta. A su vez, según la misma perspectiva, también contribuye a aumentar los niveles de informalidad porque desincentiva las contrataciones formales al elevar los costos laborales vía aumento de las remuneraciones. En consecuencia, el salario mínimo perjudicaría justamente a aquellos sectores que pretende proteger.

Sin embargo, en América Latina la evidencia muestra que, durante los últimos años, el salario mínimo aumentó no sólo en términos nominales sino también reales y, en simultáneo, los niveles de informalidad disminuyeron. Así, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, en Brasil, el valor del salario mínimo aumentó más del 60% entre 2004 y 2012, y la tasa de informalidad cayó más de 12 puntos porcentuales; en Colombia se acrecentó más del 4% entre 2009 y 2012, y la informalidad se redujo en alrededor de dos puntos porcentuales; en Ecuador, el salario mínimo aumentó más del 17% entre 2009 y 2012, mientras que la informalidad cayó más de 10 puntos porcentuales; en Perú, hubo un aumento del 25% entre 2004 y 2012, y la informalidad disminuyó más de 6 puntos porcentuales; y en Uruguay, aumentó 225% entre 2004 y 2012, y la informalidad se redujo más de 15 puntos porcentuales.[1]

En todos los casos mencionados, la proporción del incremento de los salarios mínimos señalada es en términos reales. Asimismo,en el conjunto de América Latina el valor del salario mínimo se incrementó un 54% también en términos reales entre los años 2000 y 2012 y, paralelamente, el empleo informal ha mostrado una reducción que fue del 52% en 2005 (cuando la OIT comenzó a registrar y difundir estos datos) al 47,7% en 2012.[2]

Se presenta a continuación un detalle de la evolución de los salarios mínimos en términos reales, en diferentes países de América Latina entre los años 2003 y 2013.

smvm am latina

 

En el caso particular de Argentina, el valor del salario mínimo aumentó entre 2003 y 2013 más de 1700% en términos nominales. En términos reales, su crecimiento fue superior al 135%: su principal incremento tuvo lugar entre 2003 y 2006, cuando aumentó 130%; desde entonces, considerando el IPC 9 Provincias elaborado por el Centro CIFRA, creció 7,67% hasta diciembre de 2013.

En simultáneo, los niveles de trabajo no registrado atravesaron una tendencia descendente durante los últimos diez años, pasando de valores superiores al 49% en 2003, a rondar el 33% en la actualidad. A su vez, también es relevante destacar que, según demuestra el investigador Fernando Groisman, la franja de trabajadores cuyos ingresos se sitúan alrededor del salario mínimo (y que, por lo tanto, son los más expuestos a sus variaciones) no tuvo más posibilidades que el resto de perder su trabajo registrado durante los últimos años en nuestro país. [3]

sm arg + informalidad

Además de la verificada ausencia de impactos negativos sobre el empleo, la capacidad del salario mínimo de incidir sobre el nivel de ingresos de la clase trabajadora también ha aumentado en este período. En primer lugar, el descenso en los niveles de informalidad implicó un crecimiento de la población sobre la cual impacta (si sus valores constituyen o no una referencia para los salarios de los trabajadores no registrados es aún materia de debate). Por otro lado, en caso de que el valor del salario mínimo fuera muy bajo o representara una porción muy menor del nivel salarial promedio, su impacto sería débil; pero en nuestro país el mismo pasó de representar menos del 15% del salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado en junio de 2003, a constituir más del 35% en 2014.Sí podría mencionarse que desde 2005 su valor no es una referencia para los fijación de los salarios sino más bien un reflejo de lo acordado en las paritarias, dado que la gran mayoría de las negociaciones salariales se realizan antes de la reunión del Consejo del Salario Mínimo.

Uno de los principales desafíos que esta institución presenta es el de ampliar aún más su cobertura, lo cual requiere principalmente de continuar con la tendencia a la baja en los niveles de trabajo no registrado. Según un informe realizado el año pasado por la OIT, menos del 7% de los trabajadores registrados en nuestro país percibe ingresos por debajo del salario mínimo, pero la proporción ronda el 40% en el caso de los trabajadores no registrados. La eventual disminución de este último valor estaría expresando una continuación en la tendencia a la mejora de la distribución del ingreso que se ha observado durante los últimos años en nuestro país.


[1] Datos del Programa de Promoción de la Fornalización en América Latina y el Caribe (FORLAC) – OIT – Oficina Regional para América Latina y el Caribe. 2014.

[2] Oficina Regional para América Latina y el Caribe (2013): “Panorama Laboral 2013. América Latina y el Caribe.”

[3] Groisman, Fernando (2012): “Salario mínimo y empleo en Argentina”, en Revista de Economía Política de Buenos Aires. Año 6, Volumen 11.

 

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